Médicos del Mundo

sábado, 4 de noviembre de 2017

Resiliencia


Este concepto me ha animado muchas veces. Y, en mi cabeza, va ligado a personas muy importantes para mí que, a su vez, fueron resilientes en momentos difíciles y permanecen como prueba viviente de que "se puede".

Así como me recuerda a quienes confiaron en mi fortaleza y se mantuvieron cerca para recordarme que sí, yo también soy resiliente.

Y así, despacito y con buena letra, disfrutando de las pequeñas alegrías cotidianas, creando positividad también, mi trocito de luz en medio de la oscuridad, voy andando.

Y vamos andando, muchos también, reconociéndonos como faros en la noche.

Construyendo.

Por un mundo mejor, así sea en nuestro entorno más cercano, siempre hay algún granito que aportar.

Buen fin de semana.


miércoles, 1 de noviembre de 2017

Continuad, resistentes

Los días se suceden mucho más rápido de lo esperado, de puente en puente, de guardia en guardia, de servicio en servicio, de semana en semana.

Caras que se graban, pacientes que van y vienen, que te encuentras en el momento menos pensado, sonrisas y lágrimas.

Cursos, ahora sí, muchos cursos, refrescar, compartir, encontrar lagunas, rellenarlas.

Vacaciones, en medio de la subida escalonada de esta montaña, donde descansar las piernas, reponer energías, reamueblar la cabeza que se quedaría desangelada sin nuestra propia humanidad, recuperar y fortalecer lazos, con la familia, con los amigos, con quien nos quiere y aprecia de verdad.

Y el latir de un corazón que se siente, que calienta por dentro, que se aviva según con quién y nos recuerda que amamos y, por ende, estamos vivos.

Y, como último recordatorio, que es esta, nuestra capacidad de amarnos a nosotros, a los demás, al ser humano, la que nos hace grandes, la que le da sentido a todo.

Y sí, aquí seguimos, caminando, escalando, Resistentes.
 

domingo, 30 de julio de 2017

Un largo sueño

Amargos recuerdos enredaban su alma atribulada. No quería desenredarse por dentro, le dolía cada día pero volvía a ellos, eran todo cuanto tenía, o eso creía.

Aunque le quedaba un amante. Ese licor que le quemaba la garganta, le calentaba el corazón y le hacía, por unos momentos, la vida diferente. Una parte de sí se disolvía, sin embargo, y los días pasaban uno tras otro como en un sueño extraño.

No eran pocos quienes llamaban a su puerta, desde "el otro lado" proclamando las bondades del mundo sin el velo del alcohol empañando su mirada.

Y, su mirada, se dirigía en dirección contraria.

No podía, no sabía, no quería ver.

Hasta que, en forma de amor inesperado, una mano se abrió paso entre las tinieblas de su alma, arrancándole de ese dolor, ese apego, esa enfermedad, ese alcoholismo.

Ya había olvidado cómo comenzó.

Pero recordó algo.

A sí misma.

(Chavela Vargas vivió 20 años de su vida en el alcoholismo para, con 72 años, cosechar los mayores éxitos musicales de su vida. Guerrera y valiente, luchó por su identidad en un mundo que la rechazaba)

martes, 20 de junio de 2017

Ella

Lucía que cada día se levantaba con ilusión para ir a su trabajo como peluquera en un conocido local de la ciudad.
Mantenía a una familia de 5, contando con su marido, cada día miraba por ellos, procurándoles atenciones y cariños en los momentos libres. Su corazón se mantenía vivo también por ellos, su lucero.

Una mañana, se descubrió con dificultades para "arrrancar". Sus manos, desobedientes, despertaban de su sueño más tarde de lo previsto.

Pero, pasado el momento, todo volvía a la normalidad y ella a su rutina.

Lo olvidó un poco, como un hecho aislado. Igual que aquel dolor en los tobillos.

Una mañana más, de nuevo el sueño de sus articulaciones. Y, al coger las tijeras, dolor. No se había fijado pero tenía las manos doloridas e hinchadas. ¿Qué era eso, que no le había pasado nunca antes?

Aguantó como pudo, no le gustaban las pastillas, no quería pecar de victimista y hacerse la enferma.

Hasta que en el trabajo descubrió un tope. No podía seguir así, sus manos no parecían las suyas. El dolor la había acosado tanto los últimos días que tuvo que excusarse un momento para aliviarlo entre lágrimas, escondida en el baño.

Su marido la convenció. Fueron al médico. Y su doctora de cabecera le recetó algo para el dolor y una visita a un especialista que nunca había oído antes: el reumatólogo. Como de "reuma".... ¿pero eso no era lo que le pasaba a las personas mayores con la edad? Ella era demasiado joven para eso. Sin embargo, la doctora insistió, esos dolores acosaban a gente incluso más joven que ella y si quería que no fuera empeorando a gran velocidad debía ir.

Y fue.

El reumatólogo fue amable. Exploró articulación por articulación. Pidió unas pruebas. Se vieron de nuevo... y llegó la etiqueta: artritis reumatoide.

Tenía que tomar unos fármacos que le bajarían las defensas y eso la asustaba un poco (para qué mentir, le asustaba mucho).

Pero la otra opción, la de ver sus articulaciones empeorar hasta no poder seguir con su vida habitual, era mucho más aterradora.

Y dejó de ignorar al dolor para tratarlo con pastillas. Y fue mejorando. Y descubrió la lucha de fondo que debía mantener contra la enfermedad, atenta a sus síntomas para, de brote en brote, mantener la sonrisa y a su cuerpo lo más sano y fuerte posible. Para vencer cada una de las batallas al dolor.

Hay muchas ellas (3:1, respecto a los hombres). Requieren adaptaciones en su vida cotidiana, a veces en el trabajo, a veces cambio de trabajo.

Y, en general, muchas personas con enfermedades reumatológicas que sufren en silencio mientras la vida pasa, hasta que no pueden más.

El dolor puede oscurecer el horizonte pero, tras él, como una nube engañosa, se encuentra de nuevo el sol.

Y levantarse cada día.

Y ponerle una sonrisa a la vida.

Dedicado a todos, ellos y ellas, que luchan por sus esperanzas. Y a los reumatólogos, enfermeras y auxiliares que aportan algo de luz a sus vidas en cada una de las consultas.

NOTA: Lucía es un nombre ficticio, la historia, un compendio de muchas historias. Cualquier parecido con la realidad es pura coincidencia.  

viernes, 28 de octubre de 2016

Ser

Es más importante "ser" que aparentar.
Lección que va íntimamente ligada a la vida adulta.
"Eres" quieras o no, cuando actúas, cuando tomas una decisión y no la otra, si sigues a tus pacientes, si te desvelas toda la noche por seguir su curso clínico porque así estás más tranquila y ya tienes en tu mente todo el cuadro clínico y su evolución con lo cual eso te convierte en una persona privilegiada para seguir su progreso.

Eres, cuando quieres, cuando amas, cuando te entregas... cuando dejas de hacerlo.

Y cuando te das al otro y te dejas conocer, entonces, vives, evolucionas, eres más tú. O una versión más completa de tí misma porque esas "personas espejo" que nos encontramos por ahí nos ponen frente a nuestras virtudes y defectos y no queda más remedio que mirar donde no queremos mirar y asumir y reparar esas faltas. Siempre buscando la mejor versión de nosotros mismos.

Y cuando vuelvo a casa, regresan las buenas sensaciones. Otras veces, las "nubes negras sobre la cabeza" que diría Frank McCourt (el autor de Las Cenizas de Ángela, señor resiliente donde los haya) regresan en la soledad, porque ya no hay distracciones ni compañías.

Y quizá parte de la lección sea esa. Saber que siempre volvemos a estar solos con nosotros mismos. Y que si es con nosotros con quien hemos de vivir, más vale conocernos bien, querernos y estar a la altura de nuestros propios valores.

sábado, 21 de mayo de 2016

Proyecto de familióloga echa a volar

El tiempo vuela, y la semana que viene... ¡me mudo! Trabajo e independencia, ambas de la mano, con ganas e ilusión y algo de nervios pero más leves ahora que al menos la mayoría de las gestiones están hechas.

Me espera una islita cercana, aunque aún no la conozco, con fama de gente acogedora y amable, con la primera cena de residentes a la vuelta de la esquina y eso, todo un giro de 180º en mi vida que esperaba desde hace años, que parecía lejano y que, sin embargo, ya está aquí.

Así que pasamos de "las visicitudes de preparar el examen MIR" al resultado de dicho esfuerzo, una aventura nueva con todo lo que ello conlleva. Ya no se trata de memorizar y libros amontonados en el escritorio, ahora es más cuestión de hacer historias clínicas decentes (eso para empezar), de comunicación médico-paciente, empatía, escucha activa, descartar diagnósticos progresivamente y aprender, poco a poco, a manejar la incertidumbre diagnóstica haciendo uso de los conocimientos y el sentido común.

Así que eso, pronto nuevas noticias y anécdotas. Nos vemos por estos lares :)


jueves, 31 de marzo de 2016

A un mes del... Enter.

Tenía miedo de que llegara "el día D" y yo sin haber estudiado más (nunca parece suficiente).
 
Ahora, más relajada, con dos meses de vacaciones a mis espaldas y una fecha para elegir mi plaza, la cabeza vuelve a trabajar a mayor velocidad.
 
Me lo puedo tomar con relativa calma (al fin y al cabo, es un mes). Pero me voy moviendo, preguntando a residentes, ordenando prioridades mentalmente, planificando mi futuro.
 
Una cosa está clara: la especialidad. Me decanto por la Medicina Familiar y Comunitaria.
 
Social, humana, completa, longitudinal (que no tan transversal como las hospitalarias) y, también, cómo no, con su dosis de ciencia aplicada con la mayor humanidad posible (el famoso enfoque biopsicosocial).
 
Ahora mi mayor duda es la isla en la que quedarme. Como isleña, me decanto por no separarme del mar, del acento cantarín y las "eses aspiradas" que pasan casi desapercibidas al final de cada palabra.
 
Por un lado, en mi isla, tengo a mi gente, tengo dos hospitales grandes, muchos centros de salud docentes, caras conocidas desde la facultad. Mi pareja, mi familia, mis amigos.
 
Por otro lado, a una hora de avión tengo la isla que más me está entrando por los ojos últimamente, La Palma. Con su observatorio de astrofísica, su población rural, su hospital y sus alquileres mucho más baratos (y amplios) que los de aquí. Con menos guardias al mes. Con otro ritmo de vida.
 
Soy de carácter tranquilo así que creo que encajaría bien allí (y los saltos en avión están ahí, para los fines de semana sin guardia). Yo sigo informándome y cavilando. Pero una parte de mí quiere expandirse y conocer cosas nuevas, y no dejo de pensar.
 
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Jorge Drexler - La Edad del Cielo