Médicos del Mundo

domingo, 30 de julio de 2017

Un largo sueño

Amargos recuerdos enredaban su alma atribulada. No quería desenredarse por dentro, le dolía cada día pero volvía a ellos, eran todo cuanto tenía, o eso creía.

Aunque le quedaba un amante. Ese licor que le quemaba la garganta, le calentaba el corazón y le hacía, por unos momentos, la vida diferente. Una parte de sí se disolvía, sin embargo, y los días pasaban uno tras otro como en un sueño extraño.

No eran pocos quienes llamaban a su puerta, desde "el otro lado" proclamando las bondades del mundo sin el velo del alcohol empañando su mirada.

Y, su mirada, se dirigía en dirección contraria.

No podía, no sabía, no quería ver.

Hasta que, en forma de amor inesperado, una mano se abrió paso entre las tinieblas de su alma, arrancándole de ese dolor, ese apego, esa enfermedad, ese alcoholismo.

Ya había olvidado cómo comenzó.

Pero recordó algo.

A sí misma.

(Chavela Vargas vivió 20 años de su vida en el alcoholismo para, con 72 años, cosechar los mayores éxitos musicales de su vida. Guerrera y valiente, luchó por su identidad en un mundo que la rechazaba)

martes, 20 de junio de 2017

Ella

Lucía que cada día se levantaba con ilusión para ir a su trabajo como peluquera en un conocido local de la ciudad.
Mantenía a una familia de 5, contando con su marido, cada día miraba por ellos, procurándoles atenciones y cariños en los momentos libres. Su corazón se mantenía vivo también por ellos, su lucero.

Una mañana, se descubrió con dificultades para "arrrancar". Sus manos, desobedientes, despertaban de su sueño más tarde de lo previsto.

Pero, pasado el momento, todo volvía a la normalidad y ella a su rutina.

Lo olvidó un poco, como un hecho aislado. Igual que aquel dolor en los tobillos.

Una mañana más, de nuevo el sueño de sus articulaciones. Y, al coger las tijeras, dolor. No se había fijado pero tenía las manos doloridas e hinchadas. ¿Qué era eso, que no le había pasado nunca antes?

Aguantó como pudo, no le gustaban las pastillas, no quería pecar de victimista y hacerse la enferma.

Hasta que en el trabajo descubrió un tope. No podía seguir así, sus manos no parecían las suyas. El dolor la había acosado tanto los últimos días que tuvo que excusarse un momento para aliviarlo entre lágrimas, escondida en el baño.

Su marido la convenció. Fueron al médico. Y su doctora de cabecera le recetó algo para el dolor y una visita a un especialista que nunca había oído antes: el reumatólogo. Como de "reuma".... ¿pero eso no era lo que le pasaba a las personas mayores con la edad? Ella era demasiado joven para eso. Sin embargo, la doctora insistió, esos dolores acosaban a gente incluso más joven que ella y si quería que no fuera empeorando a gran velocidad debía ir.

Y fue.

El reumatólogo fue amable. Exploró articulación por articulación. Pidió unas pruebas. Se vieron de nuevo... y llegó la etiqueta: artritis reumatoide.

Tenía que tomar unos fármacos que le bajarían las defensas y eso la asustaba un poco (para qué mentir, le asustaba mucho).

Pero la otra opción, la de ver sus articulaciones empeorar hasta no poder seguir con su vida habitual, era mucho más aterradora.

Y dejó de ignorar al dolor para tratarlo con pastillas. Y fue mejorando. Y descubrió la lucha de fondo que debía mantener contra la enfermedad, atenta a sus síntomas para, de brote en brote, mantener la sonrisa y a su cuerpo lo más sano y fuerte posible. Para vencer cada una de las batallas al dolor.

Hay muchas ellas (3:1, respecto a los hombres). Requieren adaptaciones en su vida cotidiana, a veces en el trabajo, a veces cambio de trabajo.

Y, en general, muchas personas con enfermedades reumatológicas que sufren en silencio mientras la vida pasa, hasta que no pueden más.

El dolor puede oscurecer el horizonte pero, tras él, como una nube engañosa, se encuentra de nuevo el sol.

Y levantarse cada día.

Y ponerle una sonrisa a la vida.

Dedicado a todos, ellos y ellas, que luchan por sus esperanzas. Y a los reumatólogos, enfermeras y auxiliares que aportan algo de luz a sus vidas en cada una de las consultas.

NOTA: Lucía es un nombre ficticio, la historia, un compendio de muchas historias. Cualquier parecido con la realidad es pura coincidencia.  

viernes, 28 de octubre de 2016

Ser

Es más importante "ser" que aparentar.
Lección que va íntimamente ligada a la vida adulta.
"Eres" quieras o no, cuando actúas, cuando tomas una decisión y no la otra, si sigues a tus pacientes, si te desvelas toda la noche por seguir su curso clínico porque así estás más tranquila y ya tienes en tu mente todo el cuadro clínico y su evolución con lo cual eso te convierte en una persona privilegiada para seguir su progreso.

Eres, cuando quieres, cuando amas, cuando te entregas... cuando dejas de hacerlo.

Y cuando te das al otro y te dejas conocer, entonces, vives, evolucionas, eres más tú. O una versión más completa de tí misma porque esas "personas espejo" que nos encontramos por ahí nos ponen frente a nuestras virtudes y defectos y no queda más remedio que mirar donde no queremos mirar y asumir y reparar esas faltas. Siempre buscando la mejor versión de nosotros mismos.

Y cuando vuelvo a casa, regresan las buenas sensaciones. Otras veces, las "nubes negras sobre la cabeza" que diría Frank McCourt (el autor de Las Cenizas de Ángela, señor resiliente donde los haya) regresan en la soledad, porque ya no hay distracciones ni compañías.

Y quizá parte de la lección sea esa. Saber que siempre volvemos a estar solos con nosotros mismos. Y que si es con nosotros con quien hemos de vivir, más vale conocernos bien, querernos y estar a la altura de nuestros propios valores.

sábado, 21 de mayo de 2016

Proyecto de familióloga echa a volar

El tiempo vuela, y la semana que viene... ¡me mudo! Trabajo e independencia, ambas de la mano, con ganas e ilusión y algo de nervios pero más leves ahora que al menos la mayoría de las gestiones están hechas.

Me espera una islita cercana, aunque aún no la conozco, con fama de gente acogedora y amable, con la primera cena de residentes a la vuelta de la esquina y eso, todo un giro de 180º en mi vida que esperaba desde hace años, que parecía lejano y que, sin embargo, ya está aquí.

Así que pasamos de "las visicitudes de preparar el examen MIR" al resultado de dicho esfuerzo, una aventura nueva con todo lo que ello conlleva. Ya no se trata de memorizar y libros amontonados en el escritorio, ahora es más cuestión de hacer historias clínicas decentes (eso para empezar), de comunicación médico-paciente, empatía, escucha activa, descartar diagnósticos progresivamente y aprender, poco a poco, a manejar la incertidumbre diagnóstica haciendo uso de los conocimientos y el sentido común.

Así que eso, pronto nuevas noticias y anécdotas. Nos vemos por estos lares :)


jueves, 31 de marzo de 2016

A un mes del... Enter.

Tenía miedo de que llegara "el día D" y yo sin haber estudiado más (nunca parece suficiente).
 
Ahora, más relajada, con dos meses de vacaciones a mis espaldas y una fecha para elegir mi plaza, la cabeza vuelve a trabajar a mayor velocidad.
 
Me lo puedo tomar con relativa calma (al fin y al cabo, es un mes). Pero me voy moviendo, preguntando a residentes, ordenando prioridades mentalmente, planificando mi futuro.
 
Una cosa está clara: la especialidad. Me decanto por la Medicina Familiar y Comunitaria.
 
Social, humana, completa, longitudinal (que no tan transversal como las hospitalarias) y, también, cómo no, con su dosis de ciencia aplicada con la mayor humanidad posible (el famoso enfoque biopsicosocial).
 
Ahora mi mayor duda es la isla en la que quedarme. Como isleña, me decanto por no separarme del mar, del acento cantarín y las "eses aspiradas" que pasan casi desapercibidas al final de cada palabra.
 
Por un lado, en mi isla, tengo a mi gente, tengo dos hospitales grandes, muchos centros de salud docentes, caras conocidas desde la facultad. Mi pareja, mi familia, mis amigos.
 
Por otro lado, a una hora de avión tengo la isla que más me está entrando por los ojos últimamente, La Palma. Con su observatorio de astrofísica, su población rural, su hospital y sus alquileres mucho más baratos (y amplios) que los de aquí. Con menos guardias al mes. Con otro ritmo de vida.
 
Soy de carácter tranquilo así que creo que encajaría bien allí (y los saltos en avión están ahí, para los fines de semana sin guardia). Yo sigo informándome y cavilando. Pero una parte de mí quiere expandirse y conocer cosas nuevas, y no dejo de pensar.
 
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Jorge Drexler - La Edad del Cielo
 

martes, 9 de febrero de 2016

Waiting... and resting

Ya pasó el tsunami. Ahora la moneda está echada y lo que tenga que ser, será. Puedo tener la conciencia tranquila porque lo hice lo mejor que estuvo en mi mano y fui constante. No me atrevo a tirar voladores todavía (no está ni la plantilla provisional) pero los resultados estimados son esperanzadores y puede que consiga la plaza que quería. Pero bueno, esto depende un poco del azar también, de cómo bailen los números en la elección de plazas. Y antes que eso, de las impugnaciones y el número que me de finalmente el Ministerio que es quien tiene la última palabra. Mientras tanto, un merecido descanso y un repaso a esa lista de "cosas que hacer después del MIR" que por ahí anda :) Gracias a todos por los ánimos que me han ido dando a lo largo de esta travesía y ya postearé algo cuando las cosas estén más claras xD

miércoles, 13 de enero de 2016

Bloqueos temporales

Me ha pasado en las últimas dos semanas,

Días en los que la cabeza no quiere arrancar, que parece que estés tirando de un bloque de 50 kg que se niega a deslizarse por el suelo.

A estas alturas, con tan poco recorrido por delante, ¿a qué viene eso?

Supongo que por eso mismo, me he autosugestionado. Tan poco tiempo y aún tanto por aprender. Las netas toman otros significados en mi cabeza y las posibilidades de futuro, en ocasiones, se vuelven  casi tangibles y catastrofistas.

Algo poco realista porque en realidad, si tomamos como referencia a mis últimos simulacros, la cosa no va mal.

Supongo que es el "efecto preMIR".

Trataré de centrarme un poquito más en el presente, en aprender algo cada día, en seguir andando. Si he podido caminar hasta este punto sería un poco absurdo sentarme en medio del camino sin avanzar hasta el final, hasta mi máximo.

A menos de un mes del "simulacro 37" (oséase, el propio MIR), este es mi estado. Oscilo entre momentos geniales y momentos de bloqueo enfocados a un futuro que aún no se ha materializado.

Poco a poco creo que voy saliendo de eso, eso espero. Al menos he hecho autocrítica, a ver qué tal se da mañana.

A levantarse y poner el pie en la biblioteca, con un poco de música clásica y a por ello.

¡Besos!