Médicos del Mundo

domingo, 14 de abril de 2019

Polifacética

Me han encasquetado recientemente ese adjetivo.

Y la verdad es que no paro, entre conducir (sacarme el carnet), clases de guitarra, fotografía y, por supuesto, medicina, son unos cuantos palos distintos que tocar, pero que me llenan de vida.

Además, noto que voy "encontrando mi sitio" (sí, ya sé que soy R3 y debería haberlo encontrado antes... supongo, pero es así como lo siento). Voy encontrando en mi ruta personas geniales que llenan mi vida de color, sonrisas y alguna lágrima, para enriquecernos mutuamente y compartir el camino, que así se hace más entretenido, más liviano, más interesante y, sobre todo, más Vivo.

Porque, ¿qué sería de la vida sin las personas con las que la compartimos, sin las emociones, sin los sentimientos?

Algo vacío, materialista, hueco.

Solitario.

Y no tengo ganas de eso.

Al menos ya no.

Ahora que "me" encuentro, no quiero volver a abandonarme.

Así que toca seguir remando.

Y compartiendo.

Buenas noches.



sábado, 3 de noviembre de 2018

Mandando señales

Muchas cosas han cambiado en este tiempo, creo que en general para bien.

Me apasiona la medicina y me siento "más médico" que antes. Una frase recurrente me viene a la mente: "Uno no es médico, se hace médico".

Es decir, sí, apruebas una serie de prácticas y exámenes en la carrera... pero médico, te HACES después.

Cuando te curtes en las guardias, cuando te implicas con el paciente, cuando empatizas... cuando regresas a casa con más conciencia de tus lagunas y decides estudiar porque conoces el peso de la responsabilidad.

Y... no sé. Quien lo ha  vivido lo sabe.

Y a quienes estén en ruta, cerca de convertirse en residentes, les diré que sí, es duro. Pero que no me arrepiento en ningún momento de haber "escogido el camino difícil" y dedicarme a ser/convertirme en médico.

Porque la satisfacción que da acompañar y, a veces, curar, no se equipara a nada.

Porque he encontrado mi sitio.

Y, si tienen vocación, encontrarán el suyo también en esta profesión que, no es sólo "trabajo" sino también una forma de ser, de estar, de vivir en el mundo. Una forma de vida.

Y, entre medias, que no olviden su Humanidad y todas esas personitas que habitan el mundo y, sin ser profesional sanitario, enriquecen el nuestro.

Entrar y salir de la burbuja, también es parte de la clave.

Y vivir.

domingo, 21 de enero de 2018

Winter is here

Y con el invierno las epidemias de gripe, catarros comunes y sus variantes que hacen aparición en las urgencias de nuestro hospital descompensando a los más frágiles, a quienes su equilibrio homeostático estrecho pone contra las cuerdas cada uno de estos virus estacionales.

Mientras, la vida sigue, los días se suceden, las páginas, los estudios leídos, las sonrisas y lágrimas, cafés compartidos y momentos de complicidad con compañeros, amigos, pacientes y familiares.

Cada vez valoro más esas "otras cosas", el hacer (aunque también estudie), el hablar, conversar, compartir.

Me enriquecen y trato de aportar mi lucecita en la oscuridad, como creo que todos tratamos.

Navegando en estas aguas turbulentas, saltando ola tras ola, sorteando la enfermedad como buenamente podemos y descubriendo que a veces... tampoco se puede.

Que sólo somos ese colchón, esos guardianes ante la puerta que, inetivablemente, todos franquearemos.

Pero mientras la vida brille,

que nos quiten lo bailao.

sábado, 4 de noviembre de 2017

Resiliencia


Este concepto me ha animado muchas veces. Y, en mi cabeza, va ligado a personas muy importantes para mí que, a su vez, fueron resilientes en momentos difíciles y permanecen como prueba viviente de que "se puede".

Así como me recuerda a quienes confiaron en mi fortaleza y se mantuvieron cerca para recordarme que sí, yo también soy resiliente.

Y así, despacito y con buena letra, disfrutando de las pequeñas alegrías cotidianas, creando positividad también, mi trocito de luz en medio de la oscuridad, voy andando.

Y vamos andando, muchos también, reconociéndonos como faros en la noche.

Construyendo.

Por un mundo mejor, así sea en nuestro entorno más cercano, siempre hay algún granito que aportar.

Buen fin de semana.


miércoles, 1 de noviembre de 2017

Continuad, resistentes

Los días se suceden mucho más rápido de lo esperado, de puente en puente, de guardia en guardia, de servicio en servicio, de semana en semana.

Caras que se graban, pacientes que van y vienen, que te encuentras en el momento menos pensado, sonrisas y lágrimas.

Cursos, ahora sí, muchos cursos, refrescar, compartir, encontrar lagunas, rellenarlas.

Vacaciones, en medio de la subida escalonada de esta montaña, donde descansar las piernas, reponer energías, reamueblar la cabeza que se quedaría desangelada sin nuestra propia humanidad, recuperar y fortalecer lazos, con la familia, con los amigos, con quien nos quiere y aprecia de verdad.

Y el latir de un corazón que se siente, que calienta por dentro, que se aviva según con quién y nos recuerda que amamos y, por ende, estamos vivos.

Y, como último recordatorio, que es esta, nuestra capacidad de amarnos a nosotros, a los demás, al ser humano, la que nos hace grandes, la que le da sentido a todo.

Y sí, aquí seguimos, caminando, escalando, Resistentes.
 

domingo, 30 de julio de 2017

Un largo sueño

Amargos recuerdos enredaban su alma atribulada. No quería desenredarse por dentro, le dolía cada día pero volvía a ellos, eran todo cuanto tenía, o eso creía.

Aunque le quedaba un amante. Ese licor que le quemaba la garganta, le calentaba el corazón y le hacía, por unos momentos, la vida diferente. Una parte de sí se disolvía, sin embargo, y los días pasaban uno tras otro como en un sueño extraño.

No eran pocos quienes llamaban a su puerta, desde "el otro lado" proclamando las bondades del mundo sin el velo del alcohol empañando su mirada.

Y, su mirada, se dirigía en dirección contraria.

No podía, no sabía, no quería ver.

Hasta que, en forma de amor inesperado, una mano se abrió paso entre las tinieblas de su alma, arrancándole de ese dolor, ese apego, esa enfermedad, ese alcoholismo.

Ya había olvidado cómo comenzó.

Pero recordó algo.

A sí misma.

(Chavela Vargas vivió 20 años de su vida en el alcoholismo para, con 72 años, cosechar los mayores éxitos musicales de su vida. Guerrera y valiente, luchó por su identidad en un mundo que la rechazaba)

martes, 20 de junio de 2017

Ella

Lucía que cada día se levantaba con ilusión para ir a su trabajo como peluquera en un conocido local de la ciudad.
Mantenía a una familia de 5, contando con su marido, cada día miraba por ellos, procurándoles atenciones y cariños en los momentos libres. Su corazón se mantenía vivo también por ellos, su lucero.

Una mañana, se descubrió con dificultades para "arrrancar". Sus manos, desobedientes, despertaban de su sueño más tarde de lo previsto.

Pero, pasado el momento, todo volvía a la normalidad y ella a su rutina.

Lo olvidó un poco, como un hecho aislado. Igual que aquel dolor en los tobillos.

Una mañana más, de nuevo el sueño de sus articulaciones. Y, al coger las tijeras, dolor. No se había fijado pero tenía las manos doloridas e hinchadas. ¿Qué era eso, que no le había pasado nunca antes?

Aguantó como pudo, no le gustaban las pastillas, no quería pecar de victimista y hacerse la enferma.

Hasta que en el trabajo descubrió un tope. No podía seguir así, sus manos no parecían las suyas. El dolor la había acosado tanto los últimos días que tuvo que excusarse un momento para aliviarlo entre lágrimas, escondida en el baño.

Su marido la convenció. Fueron al médico. Y su doctora de cabecera le recetó algo para el dolor y una visita a un especialista que nunca había oído antes: el reumatólogo. Como de "reuma".... ¿pero eso no era lo que le pasaba a las personas mayores con la edad? Ella era demasiado joven para eso. Sin embargo, la doctora insistió, esos dolores acosaban a gente incluso más joven que ella y si quería que no fuera empeorando a gran velocidad debía ir.

Y fue.

El reumatólogo fue amable. Exploró articulación por articulación. Pidió unas pruebas. Se vieron de nuevo... y llegó la etiqueta: artritis reumatoide.

Tenía que tomar unos fármacos que le bajarían las defensas y eso la asustaba un poco (para qué mentir, le asustaba mucho).

Pero la otra opción, la de ver sus articulaciones empeorar hasta no poder seguir con su vida habitual, era mucho más aterradora.

Y dejó de ignorar al dolor para tratarlo con pastillas. Y fue mejorando. Y descubrió la lucha de fondo que debía mantener contra la enfermedad, atenta a sus síntomas para, de brote en brote, mantener la sonrisa y a su cuerpo lo más sano y fuerte posible. Para vencer cada una de las batallas al dolor.

Hay muchas ellas (3:1, respecto a los hombres). Requieren adaptaciones en su vida cotidiana, a veces en el trabajo, a veces cambio de trabajo.

Y, en general, muchas personas con enfermedades reumatológicas que sufren en silencio mientras la vida pasa, hasta que no pueden más.

El dolor puede oscurecer el horizonte pero, tras él, como una nube engañosa, se encuentra de nuevo el sol.

Y levantarse cada día.

Y ponerle una sonrisa a la vida.

Dedicado a todos, ellos y ellas, que luchan por sus esperanzas. Y a los reumatólogos, enfermeras y auxiliares que aportan algo de luz a sus vidas en cada una de las consultas.

NOTA: Lucía es un nombre ficticio, la historia, un compendio de muchas historias. Cualquier parecido con la realidad es pura coincidencia.